Los nuevos analfabetos

Para comenzar, y para evitar que alguien pueda sentirse ofendido, considero importante transcribir la definición que da la Real Academia de la Lengua Española de la palabra “Analfabeto”:

1. adj-s Que no sabe leer

2. fig. Ignorante, desconocedor de saberes elementales

3. p.ext. Ignorante o desconocedor de una disciplina

En todo caso, la opinión que a continuación voy someter a vuestro juicio puede ligarse con cualquiera de estas definiciones, en forma alegórica la primera y real en las dos siguientes.

Cuando Gütenberg inventó la imprenta, se produjo un paso trascendental en la historia de la humanidad que no volvería a repetirse hasta la aparición de la informática.

El principal obstáculo con que tuvo que enfrentarse la utilización práctica de dicho invento -poner a disposición de todo el mundo el conocimiento acumulado por la especie, hasta entonces en manos de unos pocos privilegiados- fue que muy poca gente sabía leer.

De hecho, y por esta razón, algunos de los críticos de la época se apresuraron a manifestar que el invento era “inútil”. Según ellos, era más que evidente que la “automatización” de la fabricación de libros (hasta entonces básicamente en manos de monjes amanuenses) era innecesaria dado el pequeño porcentaje de la humanidad que era capaz de utilizarlos.

Hoy, unos cuantos siglos después, y en la parte privilegiada del mundo que nos ha tocado vivir, el porcentaje de seres humanos que es capaz de leer ya es prácticamente del 100 %. Todos disponemos de la capacidad de coger el libro que más nos interese y “leerlo”. Pero ahí surge un nuevo problema que es mucho más difícil de resolver: Leer no es entender.

Cuando empecé mi carrera profesional tuve que visitar muchas empresas que aún no disponían de ordenador. En consecuencia, tampoco tenían informáticos.

Lo típico en aquellos casos era hablar con el Director Financiero, Director General o bien el dueño del negocio. Y podía considerarme afortunado cuando encontraba una empresa que ya tenía experiencia en el tema por trabajar con un Centro de Cálculo.

Reconozco que no era demasiado difícil convencerlos de la utilidad de aquellos artilugios, para lo cual se utilizaba básicamente el argumento de que su competencia ya los estaba utilizando y que el tema era imparable.

También (debo reconocerlo) se jugaba con el ahorro que representaba la compra de un ordenador, frente a los gastos del centro de cálculo, cuando se estaban utilizando este servicio. Eran números un tanto manipuladores, pero vista la evolución positiva de la informática en los negocios podemos considerarlo un “pecado menor”.

A partir de aquí, las empresas se llenaron de unos señores raros que sabían hacer cosas raras y que cada vez se fueron alejando más de los conocimientos que tenían aquellos que dirigían los negocios.....los informáticos.

En aquellos tiempos, los informáticos se vieron obligados a aprender las tareas que se desarrollaban en sus empresas (Contabilidad, Facturación, etc.) para crear los programas necesarios que, a partir de entonces, utilizarían los ordenadores para hacerse cargo de dichas tareas. Llegado este punto, los informáticos adquirieron un protagonismo que los puso en superioridad de condiciones frente a sus jefes. Ellos tenían conocimientos importantes de la gestión, mientras que los directivos de la empresa no tenían ni idea de informática.

En la actualidad las cosas han cambiado mucho. Las nuevas generaciones de informáticos se han encontrado instalados ERP´s (software estandarizado de gestión) que, unido a los casi nulos conocimientos que en las facultades de informática se les imparten sobre gestión de empresas, hace que estos profesionales cada vez sepan más sobre el complejo entramado técnico que hoy ya tiene cualquier empresa, pero menos sobre cómo se gestiona.

Y eso está bien. El tiempo (como siempre) se ha encargado de poner a cada uno en su lugar. Lugares distintos pero tan importantes el uno como el otro.

En esta nueva situación se da la paradoja de que los informáticos saben leer pero no entienden lo que leen y que algunos gestores, que sí entienden, no saben leer.

¿A qué me estoy refiriendo? Intentaré explicarlo.

Durante mucho tiempo, ha sido habitual que algunas personas que dirigen las empresas digan sin ningún tipo de pudor que no tienen ni idea de informática. En ocasiones, y revestidos de un cierto orgullo al decirlo (como si esto fuera una prueba de su status laboral), afirman que ni tan siquiera disponen de un PC en su lugar de trabajo. Para eso ya están las secretarias.

Es evidente que un dirigente de cualquier empresa (salvo el Director de Informática) no tiene porqué saber cómo se realizan los procesos que permiten la gestión del día a día desde el punto de vista técnico. Para sacar las facturas, albaranes, etc. ya están los informáticos. Y también son ellos con mucha frecuencia los que emiten los informes que al final acabarán en la mesa del dirigente interesado o, en el mejor de los casos, en su pantalla.

Hasta aquí todo es correcto. Pero deberíamos hacer una distinción cada vez más clara entre lo que son procesos informáticos destinados a realizar los trabajos de todo el circuito de gestión de la empresa (el día a día) y lo que es, o podría ser, un análisis serio y profundo de los datos que dichos procesos nos proporcionan, con la finalidad de tomar decisiones cada vez mas apoyadas en hechos y no en intuiciones.

Y eso no representa ser informático. Representa utilizar la informática para usos que sólo los dirigentes pueden llevar a cabo. Con la misma sencillez con la que usan la pluma, el móvil o, cada vez más, el correo electrónico.

Los directivos deben aprender a leer (usar la informática) porque son ellos los únicos capaces de entender lo que hoy en día ésta les puede aportar mediante el uso de las nuevas herramientas que la tecnología pone a su disposición.

Si ya nadie puede permitirse el lujo de no tener ningún conocimiento de esta tecnología, mucho menos aquellos que por su cargo están destinados a dirigir las empresas en las que trabajan. No pueden correr el riesgo de convertirse en analfabetos informáticos, toda vez que las nuevas generaciones parecen tener conocimientos del tema desde el mismo momento en que tienen uso de razón. Y si no, sólo tienen que observar a sus hijos o a sus nietos.

En mis visitas a directivos (Marketing, Financiero, Comercial e incluso Directores Generales) para hablarles de Business Intelligence, y después de escuchar los clásicos argumentos como ”no tengo tiempo”, ”si algo me sobra es información”, ”ya lo hace la secretaria”, etc., he podido oír muchas veces expresiones de asombro ante lo que estaban viendo.

En muchos casos, afirman que no tenían ni idea de que estas cosas existieran y pasan con inusitada rapidez a reclamar la necesidad de tener a su disposición herramientas de este tipo.

Los que no han tenido contacto con estas tecnologías se asombran de los análisis en directo sobre cubos multidimensionales o bases de datos asociativas, de la potencia y utilidad de los cuadros de mando que les pueden indicar prácticamente en el mismo momento en que se produce, la evolución de los puntos mas sensibles del negocio; o de los “descubrimientos” de conocimiento oculto que las herramientas de minería de datos realizan en la ingente cantidad de datos de que dispone la empresa y que ningún ojo humano es capaz de ver.

También les sorprende la facilidad con que pueden manejarse dichas herramientas.

Quizás descubren por primera vez utilidades de la informática que les afectan directamente a ellos.

Cuando esta iluminación se produce, ya no se discute la utilidad de estas herramientas. Como mucho, se puede discutir cuándo y cómo van a entrar a formar parte de la cultura de la empresa.

Usare viejos argumentos que en esta ocasión son más ciertos que entonces: ”La competencia puede estar utilizando ya estas herramientas y el tema es imparable”.

La imprenta ya esta inventada. Ahora sólo falta aprender a leer.

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